Oda de un migrante sin un adiós: «Levantarse antes que suenen las campanas»

Marco Alejandro Narváez/BienHallados

Escribir es una poesía al alma, porque siempre escribo para mi, aparte de mi terapeuta a quien le pagó para que me guie en los problemas de la vida, o que causo en la misma, no hay manera más hermosa para dejarlo ir, que escribir, así que… Allí voy.

Oda de un Migrante
Marco Alejandro Narváez

Qué año, ¿no? Empezar en una zona de confort que luego se volvió un campo de minas, mucho peligro, mucho de todo. Empezamos azul y a mitad de año todo se volvió gris oscuro, la amargura de la bendita nostalgia se volvió una realidad, que se vio reflejada en la noticia más dolorosa que puedes recibir. Las llamadas en la madrugada nunca son sinónimo de buenas noticias, auguran el amanecer rojo que nadie quiere ver. Y mi familia y yo la recibimos dos veces este año desde Venezuela.

Qué año, un año tan difícil, pero tan emocionante. Vi a Argentina ser campeón del mundo en Argentina, tuve vacaciones por primera vez desde que soy adulto gracias a un trabajo maravilloso y conocí uno de los lugares más espectaculares del mundo. Cómo agradezco haber hecho ese viaje solo, aprendí tanto.

Qué año. Los días pasan y el silencio se adueña de las palabras que solía decir, porque esas personas que me escuchaban ya no están, pero como me enseñó mi abuelo, siempre hay que salir adelante, como sea, con lo que sea y sin mirar atrás. No me lo dijo, pero lo aprendí de él.

Más allá de la tristeza que me comió este año, el 31 de diciembre, me sentí muy feliz porque siempre hay que levantarse antes de que suene la campana, porque el tren no pasa dos veces y las peleas se acaban.

Estas letras o garabatos, son para ustedes dos, que siempre van a estar en mi corazón.

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