Clarinete en mano, Marcos López, un guatemalteco-venezolano en Madrid: «Echándole pichón a la vida»

Cuando nos dan la bienvenida, agradecemos de diversas formas, la cortesía de ser recibidos. En los diccionarios, uno de los formalismos es responder con un “Bienhallados”.
Por eso, cada vez que alguien nos diga “bienvenidos” en palabras, gestos o hechos, les responderemos “BIENHALLADOS”, porque será nuestra manera de compartir y dejar constancia de la alegría de nuestro encuentro con el otro, de las propuestas que vamos imaginando, creando y haciendo realidad como inmigrantes que aportamos en la construcción del porvenir de un futuro en común.
En esta sección, va la historia de un Bienhallado….

Marcos López. Músico profesional, radicado en Madrid

—¿De dónde eres?—, me preguntan. Yo digo: —¡De Acarigua!

Yo soy guatemalteco, pero me nacionalicé como venezolano. Llegué a Caracas en 2004 a estudiar en Unearte (Universidad Experimental de las Artes), y a formar parte de la Orquesta Simón Bolívar de Venezuela.

Me gustó tanto el país que me quedé allí, me nacionalicé y me casé con una venezolana. Lo que más me gustó fue que en Unearte hay una materia que se llama música venezolana. La escuela musical que tengo es la venezolana, porque allí me formé y de ahí salí para Europa.

Me casé y me fui a Acarigua a trabajar como profesor de clarinete. Allí viví 10 años. Solo trabajamos música sinfónica y en la academia teníamos una gran actividad musical nacional e internacional.

Además de ser el creador, director artístico y musical de Venezamble, Marcos López está incorporado a la Orquesta Sinfónica Cruz Diez de Madrid y a un Octeto de viento-madera, proyecto formado por venezolanos en Madrid.

Ahora estamos aquí. Tocando música venezolana. Estamos trabajando, seguimos estudiando… ‘echándole pichón a la vida‘, como decimos en Venezuela.

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